Hace una década cuando se comenzaron a dar los primeros anuncios de los efectos del calentamiento del planeta, se anunciaba que el Perú por todas las características geográficas que posee iba a ser uno de los espacios donde la furia de la naturaleza se desataría.

La razón de este anuncio apocalíptico era consecuencia de hechos geográficos que nos brindan una situación ventajosa de poseer 84 microclimas,  acceso al mar, cordilleras por encima de los  tres mil metros que cruzan el territorio, todo lo cual favorece la presencia de una gran biodiversidad, adicionalmente ríos que cortan los Andes y lagos que brindan muchas ventajas, pero a su vez, son factores que nos hacen vulnerables a los cambios climáticos, lo que provoca el aumento de riesgo a los desastres naturales como sequías, huaycos, lluvias intensas, heladas, sequías, deslizamientos, inundaciones, es decir, un sinfín de acontecimientos naturales que afectan a la población desprevenida, lo que revela que en las políticas públicas ningún grupo político tuvo esos aspectos en cuenta.

El Niño de hoy, al que con ironía los “expertos” lo han llamado frívolamente “Niño Costero” se ha convertido en un general que nos declaró la guerra. Lo mismo ocurrió en enero de 1995 cuando todo indicaba que Ecuador nos declararía la guerra después de catorce años de preparación y los gobiernos peruanos se mantenían desprevenidos.

Igual es hoy, todos estábamos advertidos de lo que vendría, pero no, las autoridades de todo tipo permitieron que las personas ocuparan los lechos de los ríos, construyeron puentes y carreteras en lugares que todos saben que serían ocupadas por los torrentes de agua que en algún momento del verano se desataría, como ahora lo ha hecho este famoso Niño costero con sus lluvias abundantes.

Este Niño costero, es comparable a un general enemigo que silenciosamente preparaba sus bombas aniquiladoras, ya que sorpresivamente ha golpeado al Perú en lo más sensible de su continuidad y desarrollo; ha cortado al país en su sistema de comunicaciones en el norte, en el sur y en el centro; viene destruyendo puentes que son el reflejo de los grandes robos que se han venido realizando desde el gobierno central, regional y municipal. Todo el que llegó metió la mano a las arcas públicas y levantó lo que pudo, lo que viene llevando al país a la anarquía social y al desabastecimiento.

El gobierno tiene que poner mano dura contra el pillaje, contra los sinvergüenzas que se aprovechan del dolor ajeno, el poder judicial es hora que levante cabeza de honestidad y se deje de colaborar con la delincuencia.

No cabe duda que este Niño costero, es un mal hijo que ha demostrado que los políticos son sus mejores aliados porque nadie actúa con la sensatez y la racionalidad que las circunstancias ameritan, se preocupan en los dimes y diretes y mientras tanto El Niño avanza como general victorioso en su destrucción de un país desprevenido.

Sin embargo, este Niño malcriado en nuestro país vecino, Ecuador, también ha desatado su furia y aún no ha logrado mellar significativamente su economía y causado los desastres que nuestros habitantes vienen padeciendo. Ocurre que allá se toman en serio las advertencias y muy posiblemente la planificación también sea seria, y no improvisada como aquí, ni está el poder plagado de ladrones, como si lo están por estos lares.

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