La denuncia en los medios locales del descubrimiento de un espionaje a favor de Chile utilizando a personal subalterno de la Marina de Guerra, ha derivado en una crisis internacional. Las palabras claves en este caso son: espionaje y crisis; ¿cómo se relacionan ambos conceptos? Es lo que trataremos de explicar.

Por definición, el espionaje es una actividad secreta dirigida a obtener información de todo tipo o alguna en especial de un determinado país. Para lograr este propósito existen comúnmente dos modalidades: una es la infiltración, consistente en la penetración de una persona en el país escogido, la misma que suministra información de expreso interés sobre la capacidad ofensiva y defensiva, o sobre aspectos económicos e industriales, etc.; a esta persona se le conoce como topo, puesto que se gana la confianza de aquellos que poseen la información deseada. No es el caso de ahora.

La segunda modalidad, es la penetración, consistente en conseguir la colaboración consciente o inocente de un miembro de la organización, con la finalidad de proporcionar información confidencial del país objeto de observación. Este es el caso recientemente denunciado ya que es una actividad encubierta que utiliza a personas (personal subalterno de la Marina) los que han sido persuadidos para trabajar secretamente en contra de su propio país y la propia organización a la cual “patrióticamente” sirven y la que les paga puntualmente sus respectivos sueldos y beneficios. Las motivaciones de estos sujetos pueden ser económicas, religiosas, ideológicas, o de cualquier otra naturaleza.

La crisis internacional, por otro lado, es un acto político-diplomático deliberado, planificado en el que el país afectado en este caso el Perú, decide hacer público el hecho ocurrido porque altera desproporcionadamente la relación de statuo quo que mantiene con el país provocador. Quiere decir, que en un manejo adecuado de la crisis, el país afectado, al denunciar públicamente el hecho, de espionaje, en este caso, tratará de sacar ventaja o realizar una jugada para neutralizar o cambiar el statuo quo que ha sido alterado y ponerlo a su favor.

Pero esto que dice la teoría, no es precisamente lo que ha manejado el gobierno actual. Si se sabía que desde el 2005 el personal subalterno de la Marina, venía proporcionando información  a Chile, si ya estaba judicializado el espionaje; ¿por qué entonces no se hizo un plan que pusiera en  evidencia y con todas las pruebas al canto denunciar a Chile por realizar actos peligrosos y dañinos que comprometen la seguridad nacional e internacional de la subregión?

La reacción del gobierno ante lo ocurrido, da pie para más bien interpretar las cosas de otra manera, por las siguientes premisas:

  1. Si la oposición se niega a reunirse a dialogar con el gobierno sobre los temas que preocupan a la nación ante la proximidad de las elecciones.
  2. Si todos los medios destacan que la esposa del presidente está envuelta en una serie de denuncias y no son contundentes en su esclarecimiento.
  3. Si hay una crítica sostenida sobre la situación económica del país y una pérdida continua de la popularidad del gobierno.

¿Qué es lo que entonces podría amainar esta situación?, hacer pública la denuncia de espionaje a favor de Chile. Esto ha permitido que todos los políticos cierren filas, por tratarse de un asunto de Estado, le ha dado un respiro a la primera ministra y de ese modo desinflarse el fantasma de la censura a la totalidad del gabinete. Le está permitiendo tomar aire para saber qué hacer con la DINI, pero hay que recordarle al gobierno que hace dos años, cambiaron la ley del 2006, dijeron que era con el ánimo de producir inteligencia estratégica. Los resultados de ese cambio legal, han fracasado porque han tenido que cerrar una organización que tenía como una de sus funciones identificar los factores de riesgos y amenazas que afectan al Estado peruano. Pero los hechos nos demuestran que optaron por el seguimiento de los propios peruanos.

Volviendo a la crisis con Chile, de entrada se ha optado por llevar el problema casi a una posibilidad de ruptura, porque eso de retirar al embajador peruano acreditado en Santiago, de pedir que los chilenos se comprometan a no volver a espiar; es pedir peras al olmo, y de una ingenuidad, que nos hace quedar mal como país. La crisis simplemente se generó y se han dado pasos precipitados que ponen de manifiesto, que quien dirige la política exterior, tampoco tiene idea de manejar estos asuntos. Dejemos a los diplomáticos hacer su tarea, que en eso si son especialistas.

Cuando Ángela Merkel, descubrió que la CIA espiaba a Alemania, a este férrea mujer, no se le ocurrió llevar contra la pared al presidente Barack Obama, simplemente minimizó los hechos, y admitió que será difícil que Estados Unidos abandone las prácticas de espionaje en su país, y al presidente en cuestión le dijo: “Entre amigos no se espía”, y sanseacabó. Cada país tiene que poner a buen recaudo la protección de sus intereses.

 

 

 

 

 

 

 

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