En nuestro país en las tres últimas décadas del siglo XX en cuanto a la seguridad y defensa nacional, se produjeron los siguientes cambios cualitativamente significativos: a) la Constitución de 1979, en la forma, daba fin al poder arbitral que hasta esa fecha desde el siglo XIX mantenía las fuerzas armadas sobre el sistema político, b) se estableció por primera vez que la defensa nacional es una responsabilidad de todos los peruanos sin excepción de ninguna naturaleza y c) se creó el sistema de seguridad y defensa nacional dirigido y presidido por el presidente de la República quien a su vez es el jefe supremo de las fuerzas armadas.

La Constitución vigente de 1993, ratificaría estos cambios y a renglón seguido, el fin de la guerra fría y la globalización surtirían otros cambios en la concepción del desarrollo y la seguridad. De esta manera el desarrollo ahora es visto como un medio para que el ciudadano tengan más libertad y en consecuencia más oportunidades, y la seguridad se empezó a concebir como un concepto de alcance multidimensional. Esto quiere decir, que se deja de lado la visión unilateral de la seguridad, que hasta esa fecha se circunscribía al campo militar, puesto que la doctrina como los lugares de enseñanza se realizaron en recintos militares. Cabe destacar que el sistema universitario peruano público y privado, nunca mostró interés en incursionar en este vasto y complejo campo en el que lo militar es sólo una fracción. También de esta idea fueron los partidos políticos que consideraron que los problemas de seguridad y defensa nacional era un quehacer sólo de competencia de los militares.

 

En la actualidad cuando se habla de seguridad y se refiere a su alcance multidimensional, se quiere decir que comprende aspectos políticos, económicos, sociales, medioambientales y también militares. El concepto pues, no excluye lo militar, más bien lo amplia e incorpora áreas que antes equívocamente eran ajenas.  Si dentro de este alcance multidimensional de la seguridad nos tuviéramos que preguntar ¿qué es lo que debemos defender los peruanos? o ¿qué es lo que el Sistema de Seguridad y Defensa Nacional debe impartir en la población en general?

 

La respuesta que he venido planteando solitariamente es la siguiente, los peruanos debemos defender:

  • La Constitución
  • Las Instituciones
  • El legado histórico y las tradiciones nacionales
  • Los recursos naturales
  • La salud física y mental de la población
  • Los símbolos patrios
  • El territorio, el dominio marítimo y el espacio aéreo que los cubre.

 

Este listado que aspectos por defender y que deben ser parte del argumento teórico por difundir en el sistema educativo y universitario, revela que hay dos grandes grupos de actividades, las seis primeras corresponden a la civilidad, los partidos políticos, las universidades, y el último punto es de competencia de la institución militar. Un par de ejemplos simples nos darán una idea de lo mucho que falta por hacer en estos campos. Por ejemplo, cuando los vecinos del sur dicen que la papa es oriunda de Chile, que la chirimoya se llamará chilimoya, o que es pisco es también de su propiedad, etc., sabemos que no existe la posibilidad de realizar una defensa militar sobre esas afirmaciones, porque no hay tanques, aviones o buques que puedan realizar ese tipo de defensa, además que sería un absurdo que ello ocurra. Esas cosas se defienden desde la universidad, con investigación genética, con estudios de mercado, con investigaciones jurídicas y patentes de reconocimiento sobre la propiedad. Otro ejemplo, lo constituye la presencia de grupos subversivos que quieren desaparecer la sociedad, el sistema jurídico institucional y recurren a la violencia para conseguir esos fines, simplemente porque no creen en la democracia ni en la representatividad popular.

 

En este último tipo de problemas de seguridad, cuando la destrucción llega a las calles, son las fuerzas del orden las encargadas de su control y represión constitucionalmente aceptada; sin embargo, hay que considerar que la intervención de las fuerzas armadas constituyen la última línea de defensa que posee el Estado; lamentablemente en los conflictos subversivos que al país le ha tocado vivir, las fuerzas del orden se han constituido en la primera línea de defensa y ello no debe ser así. Por tanto antes de recurrir al uso legítimo de la fuerza que es competencia del Estado, son los partidos políticos y el sistema educativo los encargados de crear conciencia cívica en la población que sirva de coraza para que tales grupos destructivos sean rechazados por la población.

 

En el siglo XXI los riesgos y las amenazas no están circunscritos a las amenazas tradicionales donde el campo militar ocupa el lugar central, el caso típico es la reclamación que viene haciendo el Perú en la Corte Internacional sobre un problema territorial que deviene de las consecuencias de la guerra de 1879 con Chile. Como es de público conocimiento el armamentismo en el que ha incurrido Chile en los últimos veinte años muestran que la solución militar es una alternativa posible. Sin embargo existen otras amenazas propias de los cambios y los nuevos tiempos que hoy se viven; en este sentido, lo mínimo que los responsables de los sistemas de seguridad y defensa nacional deben de tener en cuenta es la lista de riesgos y amenazas no tradicionales que ha aprobado la OEA a través de la reunión especial sobre seguridad del año 2003 en México. Ese listado de nuevas amenazas es el siguiente:

 

  1. Las ligadas a la actividad delictiva como el terrorismo, la delincuencia organizada transnacional, el problema mundial de las drogas, la corrupción, el lavado de activos, el tráfico ilícito de armas y las conexiones entre ellos.
  2. Las de naturaleza social como la pobreza extrema y la exclusión social de amplios sectores de la población, que también afectan la estabilidad y la democracia. La pobreza extrema que erosiona la cohesión social y vulnera la seguridad de los Estados.
  3. Las relacionadas con la naturaleza y el hombre, como los desastres naturales, el VIH/SIDA y otras enfermedades; la trata de personas, otros riesgos a la salud y el deterioro del medio ambiente;
  4. Los vinculados a la electrónica, como los ataques a la seguridad cibernética;
  5. Los accidentes por el uso de materiales peligrosos, como el transporte marítimo de petróleo, material radioactivo y desechos tóxicos; y
  6. Las relacionadas con armas de destrucción masiva, empleados por terroristas.

 

Como se puede apreciar el carácter multidimensional de la seguridad hoy en día incluye también a otras profesiones que antes sólo estaban reservadas al campo militar. Esto quiere decir que la Seguridad y Defensa Nacional como reza la Constitución vigente, es responsabilidad de todos los peruanos civiles y militares sin excepción de ninguna naturaleza. También demuestra que la posibilidad de la participación civil en temas de seguridad será mayor porque apertura lo que antes resultaba casi una exclusividad del campo militar.

 

El carácter multidimensional de la seguridad abre también oportunidad para que la doctrina de seguridad inicie su revisión e incluya los temas no militares de la seguridad y defensa nacional. Estamos pues, frente a cambios importantes que se han producido con relación a la seguridad y es una obligación no sólo determinar sus nuevos significados y alcances sino que debe darse paso a una doctrina que explique e involucre a todos los peruanos.

 

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