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En 1999, Kofi Annan, en aquel entonces Secretario General de Naciones Unidas, lanzó una pregunta a la comunidad internacional de naciones que bien vale repetirla para lo que está hoy, sucediendo en Venezuela, como consecuencia de la conducción autoritaria de un dictador que no solo no quiere dejar el poder sino que pretende instalar la “dictadura del proletariado” al mejor estilo de las “democracias populares” de Europa del este del siglo XX; preguntó Kofi Annan en aquella oportunidad: “…si la intervención humanitaria es, en realidad, un ataque inaceptable a la soberanía, ¿cómo deberíamos responder a situaciones como las de Rwanda o Srebrenica y a las violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos que transgreden todos los principios de nuestra humanidad común?”[1]

Consecuentes con la pregunta del ex Secretario General, ¿Cómo deberíamos responder los ciudadanos de Latinoamérica ante las muertes cotidianas que en el lapso de un mes de protestas por la población civil viene practicando el gobernante genocida Nicolás Maduro? ¿Cómo deberíamos actuar desde cada país, si las voces de la oposición son acalladas y sus dirigentes encarcelados sin conocer su paradero? ¿Cómo deberíamos actuar ante el control total de las instituciones sociales, políticas y jurídicas, subordinadas a un gobernante que hace rato perdió legitimidad? ¿Cómo deberíamos actuar ante la decisión última de cerrar el congreso y luego retractarse? ¿Cómo deberíamos actuar frente a la decisión de convocar a una Asamblea Constituyente y desconocer la que elaboró su propio mentor Hugo Chávez? ¿Cómo actuar sobre un país  lleno de riquezas que sus actuales conductores y sostenedores los militares han dilapidado?

Venezuela por voluntad de su conductor carece de los elementos básicos para vivir, para curar la salud quebrantada de su población y para cubrir sus necesidades de higiene, para no hacer una larga lista de servicios carentes y sin calidad de los casos que todavía se atienden.

Venezuela por obra y gracia de Nicolás Maduro y el aparato militar que lo sostiene, no se quieren dar cuenta que la comunidad internacional está observando y probablemente muy pronto Naciones Unidas a través del Consejo de Seguridad se pronuncie y autorice una intervención humanitaria como lo dispuso contra otro sátrapa como el coronel Muamar Gadafi el 2011; la Resolución 1973, de Naciones Unidas encargó usar “todas las medidas que sean necesarias para proteger a los civiles en Libia”, en la región tendrá que ser contra Maduro y el séquito militar que lo sostiene, ya que su retiro demagógico de la Organización de Estados Americanos, no hace otra cosa que viabilizar la intervención humanitaria de Naciones Unidas.

La referida resolución autorizó “el uso de la fuerza en razón de las graves y sistemáticas violaciones de derechos humanos” con la finalidad de prevenir más muertes civiles, para lo cual activó el principio de “la responsabilidad de proteger”. Otras medidas que se adoptaron incluyeron la congelación de las cuentas bancarias, la prohibición de viajes de la familia y colaboradores cercanos al régimen, en el caso de Venezuela el aparato militar y diplomático que lo sostiene y defiende.

¿Qué es la responsabilidad de proteger?

La pregunta lanzada por Kofi Annan tuvo su respuesta el 2001, cuando un grupo de científicos y académicos del mundo después de muchas discusiones aprobaron el documento que se titula “La responsabilidad de proteger”, dicho documento que sirvió de base para la Resolución contra Gadafi, hoy se encuentra convertida en una Resolución que los líderes del mundo la aprobaron en 2005 por unanimidad.

El documento señala que el Estado es una institución que ha sido creada para que por su intermedio la ciudadanía tenga las posibilidades de alcanzar su propio desarrollo y bienestar; el Estado es un interlocutor, un intermediario de la voluntad ciudadana, no es un fin en sí mismo. De modo que quienes llegan a ocupar la más alta investidura, tienen la responsabilidad de servir y proteger a la población. El Estado no puede estar al servicio ni manejarse a perpetuidad por quienes llegan al poder y luego se valen de mil argucias para continuar por todos los medios y convertirse en conductores “iluminados” que por sí y ante sí consideran que ser los únicos con los que se hará justicia y el bienestar llegará a los pueblos.

Nadie conoce, ni la historia registra de algún tipo de dictador de derecha o izquierda que no se haya enriquecido, que no haya dejado de incurrir en nepotismo, que no haya cogido dinero que termina en sus propias cuentas personales y familiares; y haya sido un prepotente usurpador de la voluntad y soberanía popular. Maduro es una versión trasnochada de estos supérstites gobernantes y burócratas a sueldo  que quieren el poder para sí.

La responsabilidad de proteger que ahora ha hecho suya Naciones Unidas, se sostiene en tres pilares: a) la responsabilidad de proteger que incumbe al Estado, principalmente la protección de la soberanía ciudadana; b) la asistencia internacional, dirigida a colaborar en restaurar los derechos ciudadanos y c) la respuesta oportuna y decisiva, dirigida a que la comunidad internacional actúe en forma colectiva, oportuna y resuelta cuando es evidente que el Estado (como el que conduce Maduro) no ofrece protección sino abuso y arbitrariedad.

Venezuela espera de los ciudadanos y gobernantes de Latinoamérica, no solo solidaridad sino que exijan a sus gobiernos que definan posiciones en defensa de la soberanía popular. Resulta risible que los cancilleres de América estén viendo la posibilidad de reunirse el 20 o 21 de mayo para tomar medidas contra el gobierno de Maduro. De qué servirá si ya anunció que Venezuela se ha retirado “definitivamente” de la OEA; para qué tanta dilación, toda extensión del tiempo favorece al dictador y le da tiempo para ser más hostil con sus opositores, donde lamentablemente las Fuerzas Armadas y la policía de ese país, equivocaron su rol Constitucional, de neutralidad, y sean los políticos los que resuelvan el problema de gobernabilidad.

Felizmente ya se escuchan voces de congresistas republicanos y demócratas que le piden al presidente Donald Trump haga “uso de su voz, voto e influencia” en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para presionar y acabar con un gobierno que tiene la responsabilidad de proteger y no perpetuarse en el poder. Recientemente el presidente Trump ha solicitado al presidente peruano PPK, contribuir a encontrar una solución. Desde aquí consideramos que toda postergación en una solución como la que en su oportunidad se dio contra Gadafi, es simplemente favorecer al violador de los derechos humanos de los venezolanos.

[1] La responsabilidad de proteger. Comisión Internacional sobre Intervención y Soberanía de los Estados. 2001. Gareth Evans y Mohamed Sahnoun. Documento que respondió la pregunta del Secretario General Kofi Annan y hoy es documento oficial de nacional Unidas aprobado en 2005.

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